
La protagonista es Liliana Beatriz Villarruel, de 70 años, vecina de Ituzaingó, quien quedó detenida acusada de realizar maniobras de estafa a través de Facebook Marketplace. Según la investigación, utilizaba el nombre de “Beatriz Rosales” y ofrecía cadenas supuestamente de oro de 18 kilates por unos $900.000, un precio considerablemente inferior al del mercado.
La primera operación terminó bastante lejos de una elegante compraventa de joyería.
Una persona se encontró con Villarruel en pleno centro de Ituzaingó para adquirir una de las cadenas. Cuando descubrió que la pieza no era de oro, apareció un hombre que la acompañaba y que, según la denuncia, exhibió un arma que llevaba dentro de una bolsa y exigió el dinero. La víctima terminó entregando unos $900.000 y los sospechosos escaparon en un Chevrolet Corsa negro.
El segundo episodio tuvo otro recorrido, pero el mismo final: una mujer pagó $880.000 por otra cadena y posteriormente descubrió que también era falsa. En total, las dos operaciones denunciadas representan un perjuicio cercano a $1,8 millones.
La investigación quedó en manos de la UFI N° 2 de Ituzaingó, a cargo de la fiscal María Alejandra Bonini. Tras las denuncias se realizó un allanamiento en la vivienda de Villarruel, donde la Policía Bonaerense secuestró su teléfono celular. Ahora los investigadores buscan determinar si hubo otras operaciones y si existen más posibles damnificados.
La mujer quedó imputada por estafas, una de ellas en grado de tentativa, y robo agravado por el uso de arma de fuego. También se estableció que no contaba con autorización para portar armas. Debido a que no tenía antecedentes penales y por la calificación de los hechos, recuperó la libertad.
Y entonces llegó el capítulo que convirtió una noticia policial en una de esas historias que dejan a medio mundo mirando al techo.
Una vez en libertad, Villarruel presentó un escrito ante la fiscalía para solicitar autorización para viajar junto a su pareja a las Cataratas del Iguazú. El motivo: necesitaba unos días para “descontracturar”.
La Justicia dijo que no. El pedido fue rechazado mientras continúa la investigación.
Y acá conviene hacer una pausa, porque detrás del costado insólito de la historia hay una cuestión bastante seria: las compras por redes sociales pueden convertirse en terreno fértil para estafas cuando el precio parece demasiado bueno para ser verdad.
Como decía la abuela, “cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”. Y si además te ofrecen oro de 18 kilates por una cifra que parece de liquidación de feria, quizá convenga mirar la cadena dos veces antes de sacar la billetera.
Porque en Marketplace, como en la vida, no todo lo que brilla es oro. Y algunas veces tampoco es siquiera metal.
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