ENTRE EL “VISTO” Y EL “TENEMOS QUE HABLAR”: EL DIFÍCIL ARTE DE ESTAR EN PAREJA

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ENTRE EL “VISTO” Y EL “TENEMOS QUE HABLAR”: EL DIFÍCIL ARTE DE ESTAR EN PAREJA

Hay parejas que se aman, parejas que se desean y parejas que, directamente, se administran. En 2026 el romance viene con agenda, contraseña, captura de pantalla, terapia y una conversación pendiente que nadie quiere tener. Porque enamorarse sigue siendo divino, pero sostener un vínculo en estos tiempos requiere casi la logística de organizar una boda en Punta del Este.

La pareja moderna ya no se pregunta solamente “¿me quiere?”. Ahora aparecen interrogantes mucho más sofisticados: ¿por qué está conectado y no me responde?, ¿quién es esa persona que empezó a seguir?, ¿por qué pone “me gusta” en determinadas fotos?, ¿por qué cuando estamos juntos está mirando el celular?, ¿y por qué, si supuestamente estamos bárbaro, subió una historia con una canción tristísima? Bienvenidos al amor contemporáneo, ese territorio donde Sherlock Holmes parecería un principiante.

En los vínculos actuales hay una contradicción fascinante: queremos intimidad, pero también independencia; compromiso, pero sin sentirnos atrapados; atención, pero sin que nos controlen; pasión, pero sin conflictos. Es decir, pretendemos que el otro sea pareja, amante, compañero, psicólogo, mejor amigo y refugio emocional, pero que además respete nuestros espacios, no pregunte demasiado y jamás revise el famoso “último conectado”. Un pequeño milagro doméstico.

Y aparece una palabra que se volvió casi una categoría sentimental: disponibilidad emocional. Ya no alcanza con estar. Hay que poder escuchar, conversar, expresar lo que pasa y bancarse una charla incómoda sin salir corriendo hacia el celular, Netflix o la casa de un amigo. Porque muchas relaciones no terminan por falta de amor, sino por acumulación de pequeñas cosas que nunca se dijeron.

También está el otro extremo: las parejas que parecen una sociedad anónima. Todo se negocia. Quién paga, quién cocina, quién busca a los chicos, quién maneja, quién organiza las vacaciones, quién visita a los suegros y quién tuvo razón en la discusión del martes de 2019. Y ahí el amor empieza a parecerse peligrosamente a una reunión de consorcio.

La verdadera sofisticación emocional, quizá, no está en encontrar una pareja perfecta, porque semejante criatura probablemente no exista. Está en encontrar alguien con quien se pueda hablar sin actuar, discutir sin destruir y estar en silencio sin que ese silencio resulte incómodo.

Porque el amor adulto tiene bastante menos glamour que una cena con velas y bastante más valor que una foto perfecta para Instagram. Es elegir, pero también saber cuándo ceder. Es deseo, pero también cuidado. Es independencia, pero sin indiferencia.

Y quizá ahí esté la nueva elegancia sentimental: no necesitar demostrar todo el tiempo que somos felices, sino sentirnos tranquilos cuando nadie nos está mirando.

✨ LA MIRADA DE VICTORIA

En cuestiones de pareja, queridas, hay algo que nunca pasa de moda: la persona que realmente quiere estar, encuentra la manera de estar. No hace falta perseguir, interpretar indirectas ni convertirse en detective privado de Instagram.

El amor puede ser complicado. La falta de claridad, bastante menos.

Y una mujer elegante emocionalmente no mendiga atención: observa, escucha y, sobre todo, presta atención a los hechos.

Porque como decía la abuela, que sabía bastante más de hombres y mujeres que cualquier algoritmo: “Las palabras se las lleva el viento; los hechos se quedan a cenar”. 💋🥂

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