viernes, julio 19, 2024
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CARLOS DOMÍNGUEZ “Ser poeta no estaba en mis planes

Continuamos con las entrevistas, hoy charlamos con CARLOS DOMINGUEZ Licenciado y poeta. Desde AGENCIA DE GUARDIA pensamos que el arte y los artistas son un recurso indispensable para las culturas en todos sus ámbitos es por eso que vamos a ir retratando e indagando en cómo el artista hace su camino.

1 Contanos algo sobre tu infancia formación.

-Soy porteño, de madre gallega y padre argentino, el mayor de tres hermanos, de familia de comerciantes. Siempre viví en Buenos Aires e hice la secundaria durante la última dictadura cívico-militar, con todo lo funesto que eso significa. Luego me gradué como Licenciado en Sociología en la UBA, donde he sido docente. Mi tema como sociólogo es la globalización, desde una perspectiva económico-social, pero con los años también fui abordando el estudio de aspectos culturales, incluso del arte, que me apasiona.

2 ¿Cuándo empezaste a escribir poemas y por qué?

-Mi primera poesía la escribí en 2009. Yo siempre escribí, pero no poesía. Me surgió la necesidad de contar cosas muy personales, y en la poesía encontré un medio para hacerlo. A partir de ahí casi no paré. Fue algo un poco misterioso y también bello. Se ve que lo tenía muy guardado y un día el dique se rompió… Estuve tres años diciendo que escribía poesía, hasta que una vez, una amiga poeta, graduada en Letras, me presentó a unos españoles y les dijo: “Él es Carlos Domínguez, que es poeta”. Desde entonces me reconozco como tal.

3 ¿Cuáles son los modelos o cuáles fueron los modelos de poetas que te dieron ganas de escribir poesía?

-La verdad es que no tengo, ni tuve, un modelo de poeta. Puede sonar un poco raro, pero es así. A mi me influenció mucho la plástica y el cine, que he visto bastante. De hecho mis poesías están plagadas de imágenes. “La pintura es poesía muda, y la poesía es pintura ciega”, decía Da Vinci. Lo cierto es que todo eso me estimuló para que yo también me expresara en un momento muy particular de mi vida, pero lo hice a través de las palabras.

4 ¿Tenés algunas publicaciones hechas?

-No en el formato tradicional de libro. La verdad es que no ha sido una prioridad para mí. Además, no me he llevado bien con los editores con los que he tratado. Llegar a la publicación del libro no es tal vez tan difícil, lo complicado es su circulación, en poesía es así. Mi primer poemario, Los poetas nunca mueren de viejos, está en una biblioteca virtual para no videntes (Tiflo libros) desde 2014. También, mis textos han circulado por las redes sociales, como Facebook, que tienen la ventaja de la inmediatez. A mí me han servido mucho videos en Youtube de presentaciones mías ante el público, que insospechadamente tienen muchas reproducciones y a los que se puede acceder con facilidad. Pero pronto tendré que editar, porque el objeto libro sigue siendo insustituible y varios ya me lo han pedido.

5 ¿Cómo es tu propio proceso a la hora de escribir poesía?

-En poesía uno depende de la inspiración, que suele ser veleidosa. Puede inspirarme caminar solo por Buenos Aires, sobre todo de noche. Como si estuviera perdiendo el tiempo. Sentarme en un café y observar el paisaje; también escuchar. Varias de mis poesías surgieron de algo que alguien dijo, o que yo dije; unas pocas palabras pueden ser una puerta de entrada para un poema. Se trata de mirar, escuchar, sentir, recordar. Los sueños que tengo al dormir también son una fuente significativa. Gran parte del día estoy con las antenas alertas, captando. Es una cuestión de atención y, por supuesto, de capacidad de asombro. He tenido revelaciones con situaciones que para los demás pasan desapercibidas. La poesía se trata de eso. Siempre llevo conmigo papel y lapicera. He escrito en un tren, en un colectivo, en una plaza algo que de repente se me vino a la cabeza. Luego lo paso a la computadora. Ahí aparece el oficio de escritor. La versión “final” siempre es en voz alta, porque yo escribo para luego decirlas. Tiene que sonar bien, es decir con ritmo, cadencia, musicalidad, en una sucesión de palabras que vayan encadenadas.

6 ¿Cuáles son los temas más relevantes con los que trabajás en tu poesía?

-Los de siempre, los de cualquier poeta: el amor, el desamor, las mujeres, los desencuentros, la soledad, el paso del tiempo, la muerte, el sortilegio de la noche, las ausencias, la locura… La extrañeza de vivir. En varias de mis poesías hablo de la condición de ser poeta, del hacer poético. Suelo trabajar con lo que tengo a mano, con elementos cotidianos a los cuales trato de darles un aire misterioso o sobrenatural. A veces escribo con bastante humor, incluso con humor negro; no lo puedo evitar, soy así. La clave está en encontrar una voz propia, genuina, que te represente.

7 ¿Hay silencios en tu poesía?

-Sí, claro. Está lo que se llama “silencio poético” o “pausa poética”, sobre todo cuando las digo en voz alta. Creo que son primordiales. Los silencios, los cambios de tono, los puntos altos, son constitutivos de la poesía. Tanto como los rodeos poéticos y las metáforas encubridoras.

8 ¿Qué poetas son tus referentes y autores de cabecera?

-Julián Centeya es una referencia para mí, sin duda. Lo leí a los 13 años y me sacudió. Cada tanto lo releo; en su poesía lunfarda y visceral descubrí la potencia de la palabra y de lo que puede un poeta. Otro es el cordobés Vicente Luy, del cual fui amigo y escribimos juntos algunas poesías, en colaboración, que están en mi primer poemario. Vicente fue importante para mí, porque yo recién empezaba y él ya tenía un largo recorrido. También Pizarnik, Jacobo Fijman, Miguel Hernández, Borges. Rimbaud, claro. A veces pienso que no fue humano. Los poetas del tango: Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Discépolo, Le Pera. Fueron geniales y son parte del aire que respiramos. De todos modos, no soy un gran lector de poesía, aunque resulte algo extraño.

9 ¿Te parece que la música y el arte complementan la poesía?

-Sí. Son parte de un todo, en donde las distintas disciplinas están en un ida y vuelta constante. Se nutren mutuamente. Podemos ver que en la plástica, desde hace algún tiempo, se habla de “poéticas”. Además, la poesía está en todas partes, y en ese sentido las otras artes son un campo fértil. Como ya señalé, la poesía tiene una cadencia, una musicalidad, y contiene imágenes. Asimismo, una imagen -una pintura o una foto- puede ser poética. Pensemos que la poesía es un complejo de sentidos y sonoridades. En definitiva, van de la mano o apuntan a lo mismo.

10 ¿Qué rol cumple el arte en tu vida como poeta?

-Uno central, como ya dije. Pero más allá de lo que me aporta a mi labor como poeta, el arte nos hace la vida más soportable, nos hace mejores, nos enriquece. Además del goce estético, nos permite expresarnos y crecer. El mundo sin arte sería inconcebible.

11 ¿Tenés algún proyecto con respecto a tus poesías?

-Seguir escribiendo. Al menos hasta donde pueda, porque puede pasar que un día me canse, quiera hacer otra cosa o se me termine la inspiración. Tengo ganas de ir a recitar mis textos a otros países, he tenido invitaciones.

12  Ya has participado en muchos festivales y recitales poéticos, ¿qué te gusta en particular de ellos?

-Participar en ellos es algo importante para mí, porque yo escribo mis poesías para luego decirlas. Es una instancia cargada de emoción, de compartir cara a cara con otros lo que escribo, lo que quiero contar. Son una prueba para mis textos y para mi decir. En esas presentaciones suelo recibir devoluciones del público y de otros poetas, que me sirven para mi trabajo. He recitado en galerías de arte, museos, centros culturales, bares, teatros, en parques al aire libre, en la calle. Hasta en festivales de bandas de rock, incluso de rock pesado. También he organizado muchas reuniones o recitales de poesía.

13 ¿Cómo te ves de aquí a unos años?

-Espero que trabajando mucho, ligado a la escritura, al arte o a lo que quiera hacer. Creciendo en los proyectos que encare. Trato de ser optimista, porque el mundo no nos está ofreciendo un horizonte venturoso. Nunca fui de hacer muchos planes. De hecho, ser poeta no estaba en mis planes.

14 ¿Qué consejos le darías a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

-En primer término, leer mucho. Mucho y de todo, no sólo poesía. Nutrirse de lecturas. También vivir lo más intensamente posible, animarse, para luego tener más cosas que contar. La otra cuestión es escribir con libertad, soltando la mano, con pasión, con desparpajo, sin complejos, sintiendo con todas las partes del cuerpo. Buscar en lo lateral, no quedarse quieto. Ponerse uno en una hoja, de un modo simple, con naturalidad. Ser fiel a uno mismo, seguir la propia intuición, que es muy importante en un escritor.

Poemarios

Los poetas nunca mueren de viejos

Entre el fuego y la luna

El cielo por la mirilla

Videos en Youtube:

Una mañana, hace tiempo, me llegó un telegrama.

No tenía remitente y sólo decía: “Sos poeta”.

Me confundió, y pensé que se trataba de una broma de alguien.

Después entendí que la poesía me había elegido, y como pude

me hice a ella.

C. D.

Del poemario Los poetas nunca mueren de viejos.

Mis poesías no las escribo yo;

las escribe el vivir, la vida misma.

Se van escribiendo solas…

Más que un poeta, soy un cartonero

de la palabra.

C. D.

Del poemario Los poetas nunca mueren de viejos.

FRANKFURT, 30 mar (Reuters) – Dijo el excepcional Leónidas Marliquini:

“La poesía está en todas partes, salvo en los malos poetas. Está en la

mirada de una mujer, en un resplandor crepuscular, en la sonrisa de un

niño, en un niño envuelto o en un pionono casero. Si vos querés desayunarte

un superpancho a las seis de la mañana para nivelar tu metabolismo y querés hacer una poesía de eso, se puede. Eso sí: tenés que tener talento, volar alto,

y no consumir el superpancho en los puestos de los andenes de la Estación Constitución. Creo que hay dos misterios insondables: la existencia de Dios,

y de qué están hechas esas salchichas.”

C. D.

Del poemario Entre el fuego y la luna.

Ella le daba a él, siempre de sorpresa.

Y luego él, a escondidas, rezaba oscuramente

una oración de agradecimiento al cielo por tanta

felicidad toda junta, que sabía no merecía;

que lo hacía más miserable, un despojo.

Esperaba nervioso la luz bajo la puerta, una señal,

temiendo lo peor.

No podía subir de noche ni bajar de día.

Se tatuó su nombre justo en el corazón.

Mientras se lo hacían, temblaba.

C. D.

Del poemario El cielo por la mirilla.

NOTA DARIO PAREJAS

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