Hay personas que no pasan por la vida, la bailan. Así fue Graciela Marlatto.

Su historia con el arte comenzó cuando tenía apenas 4 años. Desde ese momento, la danza se convirtió en su lenguaje, su refugio y su forma de abrazar al mundo. Con los años, esa niña apasionada se transformó en una enorme profesora de danza flamenca, además de arquitecta y docente, siempre con el corazón puesto en enseñar.
Los escenarios más emblemáticos fueron testigos de su zapateo y su elegancia. Brilló en el Teatro Avenida, en el Borges, en los históricos tablados del Ávila de Avenida de Mayo y en La Chispa. Su arte la llevó a la televisión, a programas como Los 8 Escalones de Guido Kaczka y Las Tardes del 9, y a los salones más exclusivos como el Hotel Conrad de Punta del Este, el de Mar del Plata y el Sheraton.
Tuvo el honor de compartir escenario con figuras de la talla de Carmen Flores y llevó el flamenco argentino a las embajadas de Brasil, Chile, Francia y China, dejando bien alto nuestro arte.
En 2002, la vida le regaló otro gran amor al casarse con el productor musical Tano Marcelo Alcalde, con quien formó una hermosa familia junto a su hijo Joaquín Alcalde, hoy Licenciado en Nutrición.
Hoy elegimos recordarla así: bailando, sonriendo, enseñando. Porque su legado no se apaga, sigue vivo en cada alumno, en cada escenario que pisó y en cada aplauso que supo ganarse con el alma.
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